Pablo Rodríguez Ros es ambientólogo y Doctor en Ciencias del Mar por el CSIC y la Universidad Politécnica de Cataluña. Ha participado en expediciones científicas en los océanos Pacífico, Índico, Atlántico y Antártico. Asimismo, ha realizado estancias de investigación en institutiones de Reino Unido, Suiza, Canada y Estados Unidos.
La comunidad científica lleva años advirtiéndonos de los desastres que ocurrirán como consecuencia del cambio climático. Cada vez es más frecuente y quizás más intenso fenómenos como las sequías debido al aumento de las temperaturas. ¿Estamos perdiendo la lucha frente al cambio climático?
Efectivamente una de las principales conclusiones de los informes del IPCC es el aumento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos. Para más inri, este es un problema que será muy severo en zonas como la región mediterránea. La lucha contra el cambio climático en cuanto a “parar” el cambio climático, ya se perdió hace mucho.
El cambio climático no es reversible a una escala temporal humana. Lo que sí podemos hacer es minimizar sus peores efectos. Es decir, elegir entre “susto o muerte”. Tanto es así que, de hecho, el Acuerdo de París (firmado en 2015) busca reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia. Es decir, “tenemos un problema, tenemos que vivir con él y tenemos, por ello, que intentar minimizar sus impactos”. Y esa es la lucha actual que, de momento, podría decirse que la estamos perdiendo (al menos en varios aspectos). Sin embargo, hay motivos para la esperanza, que se encuentran dentro del realismo más pragmático, que muestran un posible horizonte “verde” que es a lo que deberíamos aspirar. Eso sí, para llegar a él hay que transitar un camino muy estrecho, con precipicio a ambos lados, y tomar decisiones ambiciosas cuanto antes.
En mi opinión mucho de lo que está pasando es debido a la falta de información y formación y a un consumo irresponsable por parte del ser humano. ¿Cuál es tu propuesta para incluir un modelo de respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos?
Aquí nos encontramos ante un dilema. Mucha gente cree, bienintencionadamente, que solo con la educación ambiental formal y no formal, pueden conseguirse los cambios necesarios actualmente.
Sucede que, siendo esto cierto, ahora nos movemos en una escala temporal en la que la educación ambiental es condición necesaria pero, desde luego, no suficiente. Mi opinión es que, en resumen, hay que tomar decisiones ya y no podemos esperar dos o tres décadas a que una nueva generación más concienciada cope puestos con capacidad de decisión en gobiernos, empresas, etc.
Mi modelo es que la educación ambiental llegue a todas las edades y sectores profesionales, y que gente con formación y experiencia científica dé un paso adelante y se atreva a participar más en la vida pública.

La naturaleza y los animales no producen basura como lo hace el ser humano. ¿Tenemos un problema en nuestra forma de consumir? ¿cómo afecta esto al mar?
Existe un problema no con el consumo per se, sino con nuestra manera de consumir. En esta línea, recomiendo leer los trabajos de Carro de Combate. Mi opinión es que debemos consumir mejor, y una manera bastante simple de hacerlo es consumir menos, sobre todo en asuntos como la dieta (reduciendo el porcentaje de carne y eligiendo productos de proximidad) o evitar vuelos innecesarios. Asimismo, tenemos mucho que hablar de Reciclar y no de Reducir, pese a que desde pequeños nos han explicado que la primera “erre” es precisamente Reducir. Es decir, la mejor botella de plástico no es aquella que se recicla, es la que no se compra.
Al mar no solo llegan plásticos, que es lo que más solemos ver últimamente en los medios y es un problema relevante, sino que también llegan otro tipo de agentes contaminantes. En esta línea, las aguas residuales no tratadas correctamente o los descargues masivos de agua de escorrentía tras eventos de precipitación intensa como las DANAs, pueden afectar, por ejemplo, a las comunidades de Posidonia oceanica en el Mar Mediterráneo.
Hay algunos que dicen que todo este tema de la sostenibilidad y del planeta, es una moda pasajera y que en realidad está demás esta alarma social sobre el estado del planeta. ¿Y tú qué opinas?
Todo lo que goza de cierto nivel de aceptación alcanza, obviamente, un nivel equivalente de popularidad. Dicha popularidad deviene en transformarse en una moda. Lo que quiero decir es que precisamente que algo se transforme en una moda es por sí mismo un signo de éxito. Eso sí, hay que estar vigilante de que el greenwashing no aletargue o anule una conciencia que a través de acciones debe transformarse en medidas reales.

El planeta, mientras tanto, no deja de agonizar. ¿Es suficiente con hacerlo “menos mal”?
No es que sea suficiente es que, ahora mismo, es a lo único que podemos aspirar. En el largo plazo sí que es posible que muchas cosas cambien drásticamente; yo, ahora lo veo imposible. Eso sí, también puede ser que nos veamos obligados a tomar determinadas decisiones por eventos inesperados como, por ejemplo, esta u otras pandemias; debido a las cuales ya estamos viendo que se aceleran asuntos como el teletrabajo. Hay una cosa que emite menos CO2 que ir al trabajo en autobús y es no ir todos los días, si no es necesario.
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Brigitte Bardot me decía que en los ojos de un animal ella veía a Dios ¿Qué ves tú en el mar?
En el mar yo veo la historia de la humanidad y de los seres que lo habitan. Veo amenazas en el presente pero también oportunidades en el futuro. Estoy firmemente convencido de que los océanos van a jugar un papel clave en las próximas décadas en la mitigación y adaptación al cambio climático. Eso sí, para ello necesitamos una inversión en ciencia decidida que nos ayude a estudiar científicamente los mares y océanos.
Entrevista de Ana Quintana


